Por: Dra. Veruzka Padilla/ Una pareja, tras muchos años de matrimonio, vivía una de sus mayores crisis, pues habían pasado un episodio donde ambos tuvieron culpa y se hicieron mucho daño. Se dieron una nueva oportunidad pero un día la mujer colapsó y grito desesperada con las manos elevadas al cielo:
_¡Dios! Si existes, ¿por qué me mandaste a un marido tan inútil?
El marido, inocente de su suplica, llega a casa con un suave cantar, pan caliente y buena disposición a cenar. La mujer hace caso omiso de esto y concentrada en su suplica, replica esta vez: