En días como estos, que amanezco con ganas enormes de desahogarme y drenar tantas cargas, no en busca de una solución sino de que se me escuche y saber que estas allí conmigo, resulta la casualidad ya repetida de cientos de veces que no estás. Justo cuando necesito un abrazo y una palmada en la espalda y quizás un “Mi amor, lo estas haciendo bien” o “yo creo que deberías hacer… resulta que tu silencio, tu distancia, tu indiferencia, es peor aún que las cosas que me pasan al día a día.
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martes, 23 de agosto de 2011
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